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"Es algo que nos ha hecho más fuertes. Y es bueno aprender unos de otros. Es como un edredón: distintos y juntos, somos mejores y más interesantes". ¿Más tolerantes también? "Sí, no es casualidad que fuera el primer lugar de Canadá que legalizó los matrimonios gays" (julio de 2003), dice el exalcalde, y asiente categóricamente su fornido concejal Kyle Rae, de ascendencia -y pinta- escocesa y pionero en la lucha por los derechos de los homosexuales. "Pero no es tolerancia; eso lo dejamos atrás. Se trata de aceptación y respeto".
"El mundo será como Toronto", asegura Miller; "avanzará hacia la diversidad". Ojo, añade: "Creemos en que cada uno tenga su religión, su lengua, pero todos somos canadienses, y eso significa que hay una sola ley, un derecho común".
En la forja del edredón canadiense, las bibliotecas, los centros comunitarios y la enseñanza pública juegan un papel vital: "Simon y Julia, nuestros hijos, de 11 y 12 años, se extrañarían si les preguntáramos por diferencias con sus amigos chinos o coreanos...".
No todo el monte es orégano, acepta: hay que avanzar en integración económica -"es más fácil si todo el mundo tiene trabajo, claro"-, en política de empleo -"a veces, desperdiciamos talento"- y en superar el índice de aislamiento [más de un 30% de un barrio perteneciente a un grupo étnico: los guetos del multiculturalismo]. Pero insiste: "Nuestra gran diferencia con Europa es que nadie piensa en términos de ellos y nosotros: no somos canadienses e inmigrantes, somos nosotros".
Una pareja mixta -blanco y asiática- saluda a Miller. Son de Toronto. El día anterior coincidieron en el avión, en el primer vuelo directo de Air Canada. Madrid y Toronto, que comparten el mismo especialista en desarrollo urbano, el londinense Greg Clark, van a desarrollar proyectos de cooperación, a "abrir el diálogo entre dos ciudades globales". Miller se deshace en elogios para Alberto Ruiz-Gallardón: "Muy encantador, muy acogedor. Políticamente empezamos en sitios distintos, pero parece que hemos llegado al mismo lugar: él está en el centro de la derecha y yo en el centro de la izquierda". ¿Cambiaría la alcaldía con él? "Bueno, eso haría feliz a mi mujer". Jill Arthur, de origen venezolano, no tiene la menor duda.
Apartes de la entrevista publicada por El País de España.
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